lunes, 29 de mayo de 2017

Escribir desde el alma

7 de abril del 2008
1.     
La vida nos inunda de pasión como un rio que baja incesante por la montaña.
Nos hace recordar que estamos para algo con el simple hecho de poder respirar.
Simple nunca es la vida, menos aún el respirar.
2.     
Siento tu aliento cerca de mi cuello. Necesito mezclar tu olor con la aroma de la mañana. Oír la música y recordar, escuchar el viento y llorar. Nadie es perfecto. Mi memoria hace estragos en mi alma por quererte olvidar. Calor en las manos. Mirada que clava sensualidad. Ya no estás. Ya no te oigo respirar...
3.                  
Salir corriendo, subir montañas, escalar las más grandes emociones cuando vas por la calle y   miras a un desconocido y...te reconoce. Búsqueda de pasión sin compromiso. Búsqueda de la calidez de la confianza. ¿Qué es mejor, cubrirse con tu paraguas de toda la vida o dejar que la tormenta moje tu cara? Todo depende del calor de tu corazón, de la inquietud de tu alma, del frío de la calle, de la necesidad de no mirar más que las rayas que te protegen de un mundo que la moral castiga, pues no se puede llevar el paraguas abierto sobre la cabeza y mojarse la cara al mismo tiempo...
4.     
Hablar del amor como del viento. Pues sólo se puede sentir, nunca ver. Tan sólo retratado sobre los demás se insinúa, a veces con elegancia, otras con la fuerza del huracán. Se proyecta desde el exterior hasta colarse por los huequecitos que dejamos en el corazón, de una puerta, en las esquinas, en las grandes explanadas solitarias que los buscan. Allí la soledad espera con sus silbidos alegres, su grato vaivén en la larga madrugada. De día es más fácil pues el sol la acompaña. A través de la luz le enseña lo objetivo, todo un mundo visual lleno de color que sin el viento, piensa ella, no tiene vida, pues le falta movimiento. La alegría del no ser visto, del sentir, de la improvisación instintiva es lo que nos hace, grandes, hermosos y a su vez, inseguros y desconfiados. Pues soñamos con tener sueños y al vivirlos, deseamos despertar...

Vacío maternal

Cada vez que sus pulmones amenazan con dar el último suspiro, Helena huye aterrada hacia el pasillo del hospital. No puede soportar ser testigo de esa última muestra de vida. Suficiente duro es observar su cuerpecito consumido ahí tumbado. Desde que la sedaron y la muerte ronda cerca, ni siquiera es capaz de agarrar su mano. La situación la desborda. Jamás ha perdido a nadie. Jamás a una madre. Y aunque hacía mucho tiempo que la sentía lejos, no era lo mismo. Ya nunca escucharía esa voz alegre y a la vez, distorsionada que tanto la había hecho enfadar. Ahí fuera de la habitación, apoyada en una de esas paredes color crema, su cabeza da vueltas intentando encontrar algún recuerdo dulce con el que apaciguar el difícil momento, pero su alma está muy dolida. Por ahora, por antes.
Al poco, de la habitación también sale quien le dará la noticia. No hacen falta palabras, en su cara una expresión rígida como una diapositiva. De los ojos de Helena brotan lágrimas infinitas y en su pecho surge una emoción de desahogo al dejar fluir gritos escondidos.
-Ya descansa en paz- le dicen, y no sabe muy bien por qué, pero no le consuela. Quizás porque ella está muy viva y para vivir hay que olvidar, hay que superar y sabe que le queda un largo camino aceptando ese vacío. 

Flor de vida

¡Buenos días! ¡Buenas tardes! ¡Buenas noches!
Las palabras surgen de su boca sin sentido. En ocasiones ni coinciden con el momento del día, pero a Víctor, le da igual.  Sumergido como cada jornada en la monotonía del trayecto de bus, intenta pasar desapercibido delante de las miradas de las muchas personas que suben al vehículo. 
-Por favor, pasen al fondo-grita malhumorado mientras da un repaso al perímetro de su metro cuadrado. 
Un día como otro cualquiera, llega a su nariz un olor intenso que le lleva a recordar su niñez. Levanta la mirada del volante y busca. Ahí, justo al lado suyo, un indigente con un curioso sombrero lleno de flores frescas  lo mira con curiosidad y hasta con cierta tristeza, e impetuoso le dice a Víctor:
-Te he estado observando, y no puedo resistirme. Toma esta flor, mírala bien. Te la entrego para que no olvides que fuera siempre existe vida- y le da una linda margarita que Víctor acepta rompiendo por primera vez en mucho tiempo su autismo y viendo en ella, una oportunidad de vida. 

En ocasiones, los actos más sencillos son los que más pueden cambiar nuestro rumbo. Tan solo hay que estar abiertos y no perder la oportunidad. En cualquier esquina puede que nos esté esperando. 

Durante unos instantes te perdí

Dentro de la oscuridad de la noche mi corazón late sobresaltado ante un sonido que me llega lejano como un sueño. Me incorporo en la cama y soy testigo consciente del ring real del teléfono. Aturdida y temblorosa me levanto. Tan sólo el sonido persistente de la llamada rompe la sensación de soledad de la casa. Ni siquiera me calzo. Llego apresurada a coger la llamada y al descolgar escucho una voz de una mujer alterada que no reconozco. En primera instancia pienso que es alguien que se ha confundido y en la intención de colgar mientras alejo el auricular de mi oído, escucho entre sollozos: -Nena, tu papá está tumbado en el suelo, está morado...mija, ayúdame!- y al instante me viene la imagen de mi querido padre ahí tirado en el suelo, sin vida. En el fondo de mi corazón siento que no es algo tan improbable pues las últimas veces que lo había visto,  no tenía demasiado buen aspecto, hasta había comentado con mis hermanos esta posibilidad, pero al vivirla, es totalmente avasalladora. Al instante,  mi cuerpo entra en shock y comienza a temblar de manera exagerada, mi mente se colapsa. Soy incapaz de dejar de moverme de un lado a otro mientras que de mis ojos brotan grandes lágrimas que me impiden poder ver con claridad. - Carmina para, piensa ¿qué debes hacer?...-Es tal la angustia que siento, es tal la tristeza que no puedo concentrarme. Cuando consigo coger el teléfono móvil casi no puedo marcar, tengo las manos llenas de lágrimas y de mocos retirados, que nacen y nacen sin parar entre el llanto desgarrador.
-¡Manuel, Manuel!- grito aturdida al conseguir contactar con mi marido que está de viaje de negocios-mi padre Manuel, se muere...tengo que llamar a la ambulancia y no me acuerdo del número de su casa. ¡Oh dios mío, dios mío!- es tal el caos emocional en el que me encuentro que soy incapaz de poder gesticular una frase seguida con algo de sentido, en mi mente solo hay un vacío acompañado de un cuerpo tembloroso que se convulsiona totalmente ajeno de la necesidad del momento.  Quiero ser de ayuda y el dolor, el miedo a la probabilidad de no sentir nunca más su voz, me noquea, me paraliza. Lo único que tiene rienda suelta son estas emociones tan puras e intensas. Cuanto amo a mi padre, nunca pensé que la primera noticia de su ausencia fuera a ser tan increíblemente arrolladora y traumática.
Una vez que consigo contactar con mis hermanos y llamar a la ambulancia, todo ello dentro de un estado de pánico absoluto. Al comunicarme que su corazón late, mi nivel de estrés comienza a descender.  Más tranquila soy capaz de ir al baño, mirar en el espejo mi cara congestionada y allí apoyada sobre la pica coger aire profundo mientras siento que tenemos una segunda oportunidad. 
-Que suerte la mía, podré aprovechar para decirle lo mucho que lo quiero- me digo a mis adentros. Hoy he sido testigo del enorme dolor que sentiré cuando mi padre fallezca y en vez de vivirlo en la muerte, aprovecharé toda esa energía para disfrutarlo, si se deja, en vida.

lunes, 6 de febrero de 2017

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 25: La serenidad de la verdad.

Tras conseguir ordenar la infinidad de cosas que pueden caber en la mágica maleta de sustentos vitales, Sharlotte se tumba en la cama y mira con insistencia el colgante por donde surge su holograma. Sabe que esta vez, su misión es de gran importancia. Lo que pase dentro del escenario del bar, marcará los días siguientes de su existencia. Pasado un rato, se incorpora con una tranquilidad desconocida y se dirige hacia la imagen de la ventana, un pensamiento inunda su mente, por mucho que se empeñe, será lo que tenga que ser. Antes creía que ella era la dueña de su propio destino. Esa era la idea que le inculcaron sus padres y que la impulsó a escapar, pero ahora está convencida de que hay fuerzas mucho más poderosas que el simple hecho de desear cambiar algo, y es importante tenerlo presente. Mantiene entre sus manos con cariño el especial artefacto de forma infinita y, dejando su mirada perdida hacia el fondo del escenario que se vislumbra desde la ventana, desde el colgante comienza a dibujarse un camino de estrellas que se introduce dentro del bar. De la suma de esa energía estelar se va configurando la figura de la joven Sharlotte. Arreglada para la ocasión, se la ve realmente bonita. 
Una vez concluido el proceso de creación del holograma, Sharlotte desde la habitación por primera vez, siente cierta envidia por ese personaje que siendo tan efímero, puede disfrutar de esa maniobra de libertad. Se da cuenta de que por mucho que pueda sentir cada movimiento, cada contacto, la temperatura y el olor del lugar, su verdadero yo, seguirá encerrado en esas cuatro paredes. En esos momentos, ya no le satisface el poder observar desde fuera. ¿Qué es lo que ha cambiado?- se pregunta. Mientras estaba sumergida en el sueño de que su estancia en la habitación del hotel sería momentánea, todo iba bien. Pero esos pequeños encuentros con Artuán y Mauro, han significado el despertar más bien de una pesadilla. La situación ha cambiado de forma radical. Hasta cosas que juraría que existían, han desaparecido. La puerta, el tiempo y hasta su juventud. Aunque pensar eso la entristece, hay un impulso interno que nunca la abandona. Unas ganas increíbles de vivir, de descubrir más allá de su propia existencia. Por un momento, deja de prestar atención al escenario del bar y se centra en la habitación. Mirándola bien, se sorprende al ver como las paredes blancas parecen inestables. No se ven firmes, sino más bien le recuerdan una carpa de tela.  Si se concentra bien, puede ver hasta como se ondulan. Siente un vuelco en el pecho ante esa nueva visión. Encima, ya no sólo ve como se mueven, sino que puede sentir el movimiento en su cuerpo. Es como estar subida en una barca. Toda la habitación se menea sutil pero suficiente como para tener una rara sensación de vértigo. ¡Qué importante es prestar atención a las cosas!- se dice para sus adentros. Sharlotte comienza a entender que muchas veces, no es que no existan las cosas, sino que no somos capaces de poder verlas. Será verdad que una vive lo que puede asimilar -se convence. Está claro que eso significa que no se encuentra en un lugar estático, que la habitación o lo que sea, se desplaza hacia algún lugar. ¿Pero hacia dónde?. Sin pensarlo más se lanza impulsiva a buscar el contacto de la pared más próxima y cual es su sorpresa al descubrir que es elástica. Parece un chicle bien mascado que se deja ir hacia el exterior. Hasta parece algo húmeda. Pero aún hay más descubrimientos. Una de sus uñas se hunde en la superficie y al sacarla consigue hacer saltar una fina capa de un material tipo papel de seda.  Comienza a rascar con prudencia y un brillante rayo de luz entra en la estancia. Es de tal intensidad, que el solo contacto con el pequeño halo de luz, le provoca una quemadura en la mano. Asustada se echa a un lado evitando cualquier tipo de roce. Sigue el rayo que termina su recorrido encima de la cama que en pocos segundo ha comenzado a sacar humo. Preocupada por la amenaza de incendio, con rapidez va en busca de algún material dentro de su maleta que pueda poner resistencia a esa cantidad de energía viva. Si recuerda bien, mientras ordenaba los utensilios había visto unas placas de material electrocrómico hecho a base de óxido de niobio, muy útil para graduar la intensidad de la luz solar. Instintivamente, abre la maleta y ahí está. Un par de placas de 30x30 centímetros.  Tras seleccionar una de ellas, mira dentro con astucia en la búsqueda de algún adhesivo que la ayude a sostenerla pegada a esa pared bailarina. No hay demasiado tiempo pues de la cama sigue saliendo humo sin parar y ya se puede ver un pequeño boquete de un centímetro de profundidad y dos de diámetro. Así que coge la primera cosa que ve, una cinta adhesiva de color morado y se apresura a realizar la maniobra. 
Una vez que consigue apaciguar la intensidad de la luz y la cama está a salvo, se sienta sobre ella intrigada. Delante suyo, tiene lo que se podría llamar, una pequeña mirilla hacia el exterior. No lo suficientemente grande para poder observar y con la incerteza, de si la placa electrocrómica resistirá toda esa energía que en pocos segundos comenzó a quemar su cama. Aunque la impaciencia la invade, deberá ser prudente y dar un tiempo para la observación, antes de ponerse en acción. 
El peso del colgante en su cuello le recuerda que es importante poner atención a lo que está pasando dentro del bar, ya que que el holograma, necesita de sus recuerdos y emociones para poder actuar. Así que con ese nuevo descubrimiento, se adentra en la historia dentro de ese mundo, virtual, desordenado y sin coherencia alguna. Lo que dificulta mucho la comunicación. En esos momentos, la joven Sharlotte se encuentra fundida en un tierno abrazo con Mauro. Desde la habitación, vuelve a conectarse a esa situación y como una película a cámara rápida le llegan todas las emociones e informaciones que han transcurrido entre ellos dos, y alucina con la intensidad que recibe en unos segundos, tanta que obliga a su holograma a separarse bruscamente del muchacho.
-¿Estás bien? -le pregunta Mauro entre triste y aturdido. 
-Disculpa, es que no estoy acostumbrada a tanta emoción y me asusté- le explica Sharlotte sonriendo-. Ha sido tal la explosión que he recibido en pocos segundos que pensé que iba a morir de excitación -lo mira con esa sonrisa picaresca que tanto le gusta-. Además, en los últimos minutos ha pasado algo creo que importante.
-¿El qué? ¡Explícame! -exclama Mauro- ¿Aquí mientras estás conmigo?- dice en tono dubitativo. 
-Bueno, ya te he explicado que lo que ves y sientes no es mi verdadero yo -le reafirma Sharlotte.
-Sí, pero me cuesta aceptarlo, eres tan real… -comenta Mauro pensativo-. Pero bueno, ¿qué te ha pasado?.
-He descubierto que la realidad cambia según vamos abriéndonos a otras posibilidades, a otras creencias -comienza Sharlotte- Todo lo que vemos, vivimos y sentimos es debido a que nuestra mente es capaz de asimilarlo como una realidad existente, así que, las cosas o los cambios, pasan cuando estamos preparados, sólo cuando disponemos de los recursos cognitivos para que así sean- le explica emocionada.
-Esto que me cuentas, me recuerda a una conversación que mantuve con mi amigo Berto, la persona de la que me he despedido recientemente y ha sido el causante de que me encuentre hoy aquí -le dice Mauro reflexivo- Me ha costado mucho el empezar a aceptar esta nueva visión de la realidad, tridimensional, inexacta, pero a su vez, tan profunda e intensa que te hace sentir vivo, y lo más importante, el dueño de tu vida y de tus acciones. 
-Sí, que maravillosa sensación esta que describes, la conozco y la reconozco - comenta mientras de nuevo facilita de nuevo el contacto con el muchacho y continúa diciendo-. Pues mira, dentro de estos momentos de lucidez descubridora, he averiguado que tras las paredes de mi habitación, hay algo más allá- le explica esperanzadora- con un poco de paciencia, averiguaré como llegar a ver qué es lo que hay ahí detrás. 
-¿Eso significa que podrás salir? -le pregunta contento Mauro.
-Aún es muy pronto para saberlo, pero por lo menos podré saber donde me encuentro -le contesta Sharlotte- y eso tal como están hoy las cosas, es mucho. ¿No crees?
-Sí claro, todo lo que nos pueda ayudar a entender dónde nos encontramos y cuál es la misión, será de gran valor- le afirma Mauro. 
-Así que, ahora que dispones de la bola con mi energía vital y puedes hacer un seguimiento de cómo estoy, será mejor que me centre en esta cuestión- le sigue explicando Sharlotte- Me quedaría aquí contigo para siempre, pero ambos sabemos que no es sostenible y que nuestro encuentro es por algo más, que por un simple desarrollo de una historia de amor- le dice mientras lo mira con los ojos llenos de unas lágrimas tan reales y saladas como el mar- a través de la bola vital, siempre estaré contigo. Le puedes hablar, la puedes acariciar que yo desde donde esté, te aseguro que lo recibiré, lo sabrás por los movimientos de sus aguas doradas y el aumento de su brillo. 
-¿Así que es una despedida?- le afirma Mauro mientras aprovecha para agarrarla más fuerte- si casi no hemos tenido tiempo de saborear este encuentro.
-Míralo como que por lo menos, hemos tenido este tiempo- lo anima Sharlotte en su versión más positiva- y quién sabe, intentemos confiar en que quizás, en algún otro momento, nos volveremos a encontrar. 
Tras estas palabras, por fin se besan como dos amantes que desde el fondo de su corazón saben que ya no se verán más. Al unísono el mar dorado de la bola de cristal crea un remolino con tal energía que parece que le falte espacio dentro de la esfera. Separan sus labios y sus ojos siguen clavados en la mirada del otro. Sharlotte le dedica la mejor sonrisa que tiene, con el objetivo que la recuerde siempre así, feliz, satisfecha, da dos pasos para atrás sin soltar sus manos de las de Mauro y con toda la tristeza de la despedida, comienza a desvanecerse. 

miércoles, 4 de enero de 2017

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 24: De nuevo juntos

Hace un largo rato que Artuán dejó a Mauro sentado en esa mesa situada en uno de los extremos del local. No tiene ni idea de cuantos minutos habrán podido pasar desde su partida. Mauro pensativo intenta buscar alguna respuesta, alguna solución. Sabe que no podrá estar así, inmóvil, mucho más tiempo. Su cuerpo le comienza a pedir algo de descanso y algún tentempié que le ayude a recobrar la energía. Dentro de ese lugar, todo es muy raro, demasiado inexacto. Es como vivir un sueño muy real donde el tiempo no tiene ritmo alguno y donde las interacciones o los hechos, no acaban de estar ordenados cronológicamente. Esa sensación le despista y lo empuja a esconderse muy dentro de sí. Apoya su frente en su mano y con la mirada perdida en la mesa, ahí sigue, dale que te pego a los pensamientos que no le están ofreciendo nada en claro, mas que estar cada vez más obtuso.  Cansado, coge aire profundo y se deja caer sobre la mesa, cierra los ojos e intenta descansar un poco. Pero el ruido de su mente, toda la inquietud que siente en relación a su propio futuro le impide estar en un estado propicio para poder dormir -Tengo que volver a casa… ¿cómo lo haré? ¿Y Sharlotte?... ¿qué sentido tiene todo esto?.. ¿realmente, dónde estoy?- se repite sin parar. Demasiadas dudas, demasiados miedos, ¿dónde quedó su valor?. Ese valor que le llevó hasta ese  espacio-tiempo y pudo mostrarle la realidad de Berto. Ese valor que según ese misterioso hombrecillo, Artúan, ha sido clave para encontrar su verdad. Y cuanto más se lo plantea, más inseguro se siente Mauro. Dentro de ese bar no está solo pero tampoco acompañado. Parece como si esas personas, Sharlotte y Artuán, compartieran algo común con él, pero a su vez, estuvieran muy lejos las unas de las otras. Juntas en esencia y separadas en lo físico, o igual al revés, ya no sabe nada, duda de todo. 
Agotado, por fin se duerme pero su mente no para y comienza a soñar. En su sueño, se encuentra en un lugar inhóspito lleno de rocas enormes marrón claras tipo arcilla. Está completamente rodeado por ellas. Cuanto más intenta alejarse,  más cerca están de él. Llega un momento que en algunas se comienza a dibujar una silueta humana. De las rocas salen manos y unas caras que le piden ayuda entre la arena y el barro de su interior. Puede oír sus gritos, sus lamentos como si le hablaran al oído. Cada vez más cerca, cada vez menos espacio. Está rodeado. Lo tocan y lo manchan de barro. Todo sucede muy rápido. Ahora está metido en una ciénaga. Todo embarrado, siente como algo le estira de los pies hacia abajo. Se resiste pero no le quedan fuerzas y dispone de poco margen de maniobra.  Tiran de nuevo de él, solo queda un pequeño espacio por donde poder ver el supuesto cielo. A su alrededor, todo son cuerpos de barro que se mueven rodeándolo. Cuando parece que no hay solución, que es el final, de forma extraordinaria de ese pequeño hueco de luz, se asoma una mano luminosa que lo coge del pescuezo y lo obliga a subir a una velocidad increíble para después, lanzarlo con toda sus fuerzas hacia el vacío. Es tal la impresión que siente Mauro, que instantáneamente de manera brusca, se despierta sobresaltado. Y sorpresa, sentada en la silla de delante suyo está Sharlotte, que lo mira curiosa. Mauro aún puede sentir su corazón acelerado, ahora no sabe si por la tensión del sueño o por el efecto que le causa esa hermosa chica. Sin mediar palabra, abre bien sus ojos y la observa para no perderse ni un detalle.  La ve un poco cambiada, algo más maquillada y con el peinado diferente, pero esos ojos vivarachos y esa sonrisa llena de vida, es única. Poco a poco la sensación del sueño se va disipando.  Al verla de nuevo, todos sus miedos desaparecen y vuelve a conectarse a esa valentía que le ha metido en este tremendo lío.
-Nunca había visto dormir a nadie tan sobresaltado- le dice Sharlotte mientras acerca su mano a la de Mauro. 
-Tenía una pesadilla- le contesta él con cierta timidez.
Ambos siguen mirándose con las manos entrelazadas, cada vez más fuerte. Uno frente al otro con el obstáculo de la mesa entre ambos. Ahora que ha llegado el momento crucial y por fin están juntos, parece que ninguno sabe bien qué decir.
-Estoy un poco confundido, no tengo muy claro donde estoy, ni qué va a pasar de aquí en adelante. Yo no pertenezco a este lugar y mi objetivo es conseguir volver a casa- le comienza a explicar Mauro. 
- Ahora mismo creo que de donde vengas es lo menos importante. Si hemos llegado hasta aquí será por algún motivo especial ¿no crees? - expone Sharlottte y continúa- Salí de mi país dejando  a los únicos seres que había amado con la ilusión de ser libre y conocer otro mundo, y llegué  a una habitación sin puertas con una ventana que me mostraba este escenario singular. Aquí os conocí a Artuań- lo señala al visualizarlo sentado en el taburete de la barra- y a ti. De esta manera, intuí el comienzo de mi vida, aunque ahora ya no estoy tan segura… - afirma con cierta tristeza. 
- Podrías venir conmigo… -le suelta Mauro decidido. 
-Es increíble- afirma Sharlotte mientras suspira - no sabemos nada el uno del otro y en el fondo es como si lo supiéramos todo ¿verdad?. 
- Yo siento que tengo unas enormes ganas de abrazarte y no separarme de ti jamás.- le confirma Mauro mientras se pone de pie y se abalanza hacia Sharlotte que lo espera con un nuevo gesto de pena- ¿Qué te pasa?- le pregunta al ver la expresión de la muchacha.  
-No podré ir contigo, ni podremos estar nunca juntos, al menos que renuncies a tu libertar y te quedes aquí para siempre- dice entre sollozos Sharlotte mientras de uno de sus bolsillos saca una canica brillante. 
- Ahora si que no entiendo nada… ¿de qué me hablas? ¿qué es esa bola?- pregunta Mauro preocupado. 
- La cuestión es que, esto que ves no es la Sharlotte real.
Ante esa afirmación de la chica, Mauro recula hacia atrás cada vez más confundido. Lo que podría ser una cita romántica parece algo mucho más complicado.
-No tengas miedo- le sigue diciendo Sharlotte- es un holograma de tecnología avanzada diseñado a través de mi esencia vital y con el aspecto físico de cuando huí de mi país. De donde provengo, todo el mundo de cierta escala social, dispone de uno como medio de seguridad ciudadana.
Mauro la mira y sigue sintiendo lo hermosa que es, en ningún momento se ha sentido amenazado, su instinto, algo más activo, le dice que confíe en ella.
-Como habrás descubierto, el tiempo aquí no es algo determinante- continúa- con lo que la Sharlotte que se encuentra al otro lado de la ventana, ya no sabe cuántos años tiene, pero tristemente, parece que no le queda demasiado tiempo- Sharlotte hace una pequeña pausa mirando fijamente el líquido dorado que se mueve dentro de la bola. ¿Ves la marea dorada dentro de esta bola?- le pregunta a Mauro.
-Sí, es de una belleza extraordinaria- le contesta alucinado- nunca ha visto algo parecido.
 Sharlotte continúa con su narración:
-Dentro de ella, está mi esencia vital. Mientras siga brillando y esté en movimiento, ahí seguiré yo en esta dimensión carnal. Sobreviviendo encerrada dentro de esa habitación prisión y viviendo las realidades que se dejan ver a través de esa ventana que intercede en este agujero de gusano temporal. 
-¿Por qué me cuentas todo esto y no quieres saber de dónde vengo yo?- le increpa Mauro.
-Porque estoy convencida de que conseguirás volver a donde te corresponda- le explica Sharlotte desde una serenidad madura- pero no quiero saber todo lo que me voy a perder al no poder ir contigo. 
En ese momento las palabras sobran, reina el silencio y por fin, se funden en un abrazo largo de esos donde los cuerpos se acoplan con tanta perfección que el tiempo no pasa, nunca mejor dicho. 

martes, 27 de diciembre de 2016

EL BAR DEL TIEMPO. Capítulo 23: Objetivos de vida

Estoy totalmente alucinado. En poco tiempo, lo que parecía un puzzle con un millón de piezas desordenadas, ha comenzado a encajar. Ya no siento tanto caos en mi interior y soy capaz de centrarme en el momento presente. Es como si durante el tiempo anterior, hubiera estado metido en una centrifugadora con un millón de elementos a mi alrededor moviéndose sin parar y, de golpe, un día comienza a desacelerar y puedo comenzar a observar mi entorno y a mi mismo con mayor atención y detalle. Lo bueno, es que de todo lo acontecido he podido absorber algo de provecho. Si el resultado de todo el proceso fuese un licuado, ahora sería lo equivalente a esos extra nutritivos de lindos colores y con una consistencia justa para ser apetecible. Así de estable me encuentro hoy. Así de equilibrado. Limpio y claro. 
Tras la marcha de Sharlotte no he perdido detalle de las acciones de Mauro. Ahí sigue, en el fondo del local. Increíblemente, ahora resulta que los seres de luz no son más que la esencia de las personas que abandonan su forma corporal. Formas de energía vital. Seres con experiencias pasadas que no se comunican mediante el habla pero sí a través de sus luces y colores. Cuando dejas de tenerles miedo, descubres su gran hermosura. Ahí, en continuo movimiento en su conjunto crean una aurora boreal que ilumina el decorado donde se encuentra Mauro. El ser amorfo se despidió y como recuerdo, en el suelo un montón de piedras redondeadas. Arrodillado frente a ellas, Mauro coge un puñado de ellas entre sus manos y las mete en el bolsillo de sus pantalones tejanos. Lo hace con una tranquilidad gratificante. Prefiero esperar un poco más antes de acercarme y respetar esos momentos de despedida, o mejor dicho, de hasta luego. Aprovecharé para recorrer el local y dejarme sentir cada espacio desde este nuevo yo. 
Me muevo con soltura por los rincones del bar. Como siempre, encuentro unas cuantas mesas con algún individuo al margen de todo lo que acontece. En su mundo, en silencio, temeroso al igual que lo estaba yo. Todos perdidos en el tiempo de su propia realidad, ya sea por miedos, adicciones, trastornos, pero con un factor común: vivir dentro de la ausencia de su propia realidad. Al pensarlo aún me duele y la idea es tan abstracta que confunde. No hace tanto me encontraba ahí metido, dentro del caos. Sharlotte fue mi detonante, la que inconscientemente me hizo salir de la centrifugadora. Será por eso que la quiero y siento que la debo ayudar. Este pensamiento me hace reaccionar -Mauro ¿dónde está?-. Echo un rápido vistazo donde se encontraba y no lo veo. Mi pulso se acelera. No puede haber desaparecido. ¿O quizás sí?. Lo mejor será seguir a los seres de luz, él siempre está rodeado por ellos. Agudizo la vista para intentar ver la máxima panorámica. Hay varios seres pululando entre las diferentes mesas. Me voy acercando uno por uno a ver si me pueden ser de ayuda y me llevan de nuevo hasta Mauro. Siento como mi presencia no les incomoda. Da la sensación de que al aceptar mi nueva situación también ellos me aceptan a mí. -Ya formo parte del clan de los liberados- pienso con ironía mientras sigo buscando. Por fin, ahí está Mauro, sentado en la mesa más apartada con aspecto tristón. Sus manos sobre la superficie de la mesa juegan con los montoncitos de piedras que ha recogido de lo que ha quedado del ser amorfo. Sin dudarlo me aproximo y me siento en la silla de su lado derecho. 
-¿Y ahora qué?- me dice preocupado. No sé cuál es mi misión… Encima Berto se ha ido para siempre, Sharlotte no está… 
-Lo pintas todo muy negro ¿en serio no sabes qué hacer?- le respondo. 
-¿Has visto a Sharlotte?- me pregunta 
- Precisamente quiero darte un mensaje de ella. Se ha marchado mientras te ocupabas de tu amigo y me ha pedido que te diga que la esperes.  
- ¿Y eso cuanto tiempo será?- vuelve a preguntar Mauro indeciso- porque en algún momento tendré que regresar a mi casa. Bueno, eso si encuentro el camino de vuelta.  
- Que suerte la tuya que tienes una casa donde ir…- suspiro con añoranza. 
- ¿Acaso tú no?- me dice sorprendido 
- Muchacho, creo que aún no entiendes la magnitud de todo lo que estás viviendo… 
-Es cierto, estoy algo desorientado. ¿Me ayudarías?- me pregunta mientras me coge por los hombros de forma apasionada.
Al unísono, un montón de seres de luz se abalanzan sobre nosotros y comienzan a cambiar de color de forma brusca, quiero intuir que no les gusta ese tipo de contactos. Con cuidado, sin generar más tensión, libero mis hombros de las manos de Mauro. La intensidad de los seres de luz disminuye tanto en movimiento como en color. 
-Creo que debes intentar ser menos impetuoso en tus actos -le comento clavándole la mirada. 
-Perdona, no sé qué me pasa. Cuando me siento perdido a veces reacciono con demasiada pasión. Puede que fuera eso lo que pasó con Berto -afirma con pena-. Lo siento mucho, de verdad, no es mi intención que te pase algo parecido- se disculpa.  
-No entiendo porqué sigues sintiéndote culpable. Según he podido observar, tu amigo se ha ido contento pues fue el camino que eligió. En cierta manera, lo ha hecho para que puedas vivir una vida más plena- le digo amistosamente. 
-Imagino que sí, pero no tengo ni idea por dónde empezar… 
-Creo que ya has empezado… -le afirmo- desde que apareció Sharlotte y luego tú, me habéis liberado de mi propio inconsciente.  
-Pero… ¿cómo?- sus ojos comienzan a cambiar la expresión. 
-Exactamente no lo sé. Me encantaría poder darte las respuestas, pero yo también estoy lleno de preguntas sin responder. Quizás cuando vuelva Sharlotte nos puede ayudar. 
-Ella tampoco sabe nada. Durante el rato que estuvimos juntos, me acribilló a preguntas -mientras lo recuerda le sale una pequeña sonrisa en los labios-. Igualmente ¿cómo crees que te puedo ayudar?- me pregunta directo. 
-Yo ahora mismo, me siento tan agradecido estando sentado aquí contigo y poder tener una conversación como dios manda, ya me siento más que ayudado. 
Tras mi aclaración se crea un silencio. Mauro se introduce en sus pensamientos creo que en el intento de entender todo lo que le había pasado desde esa tarde de ocio y diversión que acabó en disputa y como, a partir de ese día, su mundo había cambiado completamente. De mientras, sigo disfrutando de esa quietud tan anhelada desde siempre en mi propia existencia. Tenía que pasar por todo esto para saber darle valor. Voy observando los detalles del local. El sucio y viejo papel de las paredes decorado con racimos de uvas, la curva de la barra del bar con esa madera color nogal barnizada en exceso. Hoy hasta la decadencia me parece algo maravilloso. La conciencia y la aceptación me ha inundado de paz y de un sosiego totalmente nuevo. Miro al muchacho y en sus ojos puedo ver un valor escondido detrás de muchas dudas e inseguridades. 
-No te preocupes, si he sido capaz de salir de la nube donde me encontraba, tú serás capaz de encontrar el camino de regreso -le animo. 
-Eso espero - me contesta sin decir nada más. 
Enseguida doy por hecho la falta de interés de Mauro y le doy el espacio que necesita para poder pensar y asimilar todo lo acontecido. Me incorporo y decido ir hacia mi compañero taburete. Ahí puedo ver mi vieja chaqueta colgada del respaldo. Ahora puedo recordar el día que me la confeccionaron a medida. Una sensación de opulencia y narcisismo se apodera de mi. En esos tiempos, cómo me gustaba presumir. Está claro, que la felicidad hedonista era mi objetivo. La búsqueda continua de placer. No existían reglas que el dinero no pudiera romper. Lo que no sabía, es que con cada acto inconsciente, me iba metiendo en un pozo que acababa en una centrifugadora temporal basada en mis creencias y emociones dormidas. Respiro profundamente y con una sonrisa interna disfruto del silencio. Ahora sí, silencio buscado, silencio deseado.